El miedo no desaparece, aprendes a convivir con él
Que no te engañen.
El miedo no desaparece por arte de magia.
Ni por mucho trabajo personal.
Ni por muchas sesiones de terapia.
Y sinceramente, para mí sería un error intentar eliminarlo del todo.
Porque el miedo es una emoción más.
Quizás más incómoda que otras, sí.
Pero sigue siendo una emoción.
Yo también tengo miedo
Llevo bastante tiempo dando entrevistas y hay un tema que siempre aparece:
El miedo.
Y cómo lo vivo yo.
Es curioso porque muchas personas piensan que no tengo miedo a nada.
Y no es verdad.
Tengo miedo muchos días.
Y a muchas cosas.
La diferencia quizás está en que no tengo miedo al fracaso.
Mi primera cafetería y el miedo a equivocarme
En 2019 abrí las puertas de mi primera cafetería.
Y te aseguro que mucha gente no daba un duro por aquella idea.
Incluso un experto en negocios me dijo que mi propuesta era demasiado innovadora.
Pero era mi sueño.
Y había hecho un análisis suficientemente sólido como para entender que podía funcionar.
Eso no significaba que fuera fácil.
Solo significaba que era posible.
Mi familia me apoyó muchísimo.
Especialmente mi hermano.
Y hoy, cinco años después y con una pandemia mundial de por medio, ese negocio sigue funcionando.
Qué hice para emprender aunque tuviera miedo
Así que sí.
Tuve miedo.
Mucho.
Y precisamente por eso quiero compartir contigo algunas cosas que me ayudaron a dar el paso.
1. Si piensas que no tienes dinero para emprender
Te diría dos cosas.
La primera:
Si quieres montar un negocio digital, probablemente solo necesites:
- Tu ordenador.
- Tu tiempo.
- Y a ti misma.
La inversión inicial muchas veces no es económica.
Es energética.
Y sí, tu tiempo vale dinero.
Por supuesto.
Pero cuando empiezas y todavía nadie te conoce, toca invertir muchísimo tiempo antes de ver resultados.
Es incómodo.
Pero es real.
La segunda opción, y la que yo utilicé porque iba a abrir un negocio físico, fue capitalizar el paro.
Así que si el dinero es ahora mismo tu mayor objeción, existen alternativas que puedes valorar.
2. El miedo a cansarte o querer cambiar de vida
Esta era mi gran objeción.
Porque yo nunca había vivido más de 2 o 4 años en una misma ciudad.
Y abrir un negocio físico significaba comprometerme muchísimo.
Mi hermano me dijo algo que todavía recuerdo:
“Si algún día te quieres ir, traspasas el negocio o bajas la persiana. Y ya está”.
Puede que al leer esto pienses:
“Esta chica se toma los negocios demasiado a la ligera”.
Y no.
Pero también te digo una cosa:
No pasa absolutamente nada por cambiar de rumbo.
No pasa nada por cerrar.
No pasa nada por probar otra cosa.
Nos han enseñado que todo tiene que ser “para toda la vida”.
Y eso genera una presión brutal.
Pero la realidad es otra.
Mientras estás viva, pasan cosas.
Cambias.
Evolucionas.
Descubres nuevas versiones de ti.
Así que si el “para siempre” te paraliza, olvídalo.
Comprométete con tu idea.
Pruébala.
Y si descubres que no era para ti, cambiarás con muchísimo aprendizaje detrás.
Reinventarse también forma parte del camino
En 2020, apenas seis meses después de abrir mi cafetería, llegó la pandemia.
Y como muchas otras empresarias, tuve que reinventarme.
Durante ese tiempo hice muchísimas cosas:
- Monté una tienda online de residuo cero.
- Creé un blog sobre minimalismo y sostenibilidad.
- Empecé a asesorar emprendedoras.
- Monté mi academia online.
Algunas de esas líneas de negocio desaparecieron.
Otras siguen hoy conmigo.
¿Y sabes qué pasó con las que no funcionaron?
No pasó nada malo.
Solo me llevé aprendizajes.
Aprendí sobre ecommerce.
Sobre proveedores.
Sobre comunicación.
Sobre negocio digital.
Sobre mí.
Y eso también suma.
Fracasar no significa perder
Con todo esto quiero decirte algo importante:
No pasa nada porque un negocio no funcione.
Fracasar puede doler.
Claro que sí.
Durante unos días quizás sea un drama.
Pero no significa que tú seas un fracaso.
Ni mucho menos.
Piensa en todas las veces que hiciste algo con miedo
Y si tu objeción no es emprender, sino simplemente “tengo miedo”, quiero proponerte algo.
Piensa en una situación de tu vida en la que actuaste aunque estuvieras aterrada.
Seguro que existe.
En mi caso, por ejemplo:
- Mudarme a Irlanda con 23 años.
- Hacer sola el Camino de Santiago en enero.
- Tomar decisiones enormes sin tener certezas.
Todas daban miedo.
Muchísimo.
Pero después de tomarlas, ocurrieron cosas buenas.
Y ahí está la clave.
Detrás del miedo, casi siempre pasan cosas buenas.
Recapitulando
- 1. El dinero es una herramienta y hay maneras de conseguirlo o gestionarlo.
- 2. Si tu negocio deja de tener sentido, puedes reajustarlo o cerrarlo. No pasa nada.
- 3. Detrás del miedo, casi siempre aparecen oportunidades, aprendizajes o cambios positivos.
En FARO somos muy conscientes de esto.
Todas las mujeres que llegan al programa lo hacen con un poquito de miedo.
Y al final, salen siendo otras mujeres completamente distintas.
Así que ahora quiero preguntarte algo:
¿Vas a tomar hoy acción?