Los precios que mereces

Aprender a poner precios también tiene matices

Últimamente estoy hablando mucho de aprender a poner los precios que merecemos, pero ojo, que esto tiene matices.

Una de las premisas en mis mentorías es que nunca fuerzo a poner precios con los que no te sientes cómoda. Y esto es muy delicado.

Lo que normalmente se ve en mentoras que trabajan mentalidad es un empuje absoluto a crear servicios estándar a precios normalmente altos, incluso sin valorar lo que esa persona quiere hacer con su emprendimiento.

Esto se ve muy claro con el boom de los cursos online.

En 2020 se abrió una ventana enorme para crear cursos online. En ese momento, si os acordáis, hacíamos cursos gratuitos o de un valor muy bajito, bien por solidaridad o por lo que fuese. Pero la realidad es que, con el tiempo, vimos que ofrecíamos mucha calidad en esas formaciones online y el valor subió rápidamente.

Hoy nos encontramos con formaciones de miles de euros en las que invertimos buscando un valor muy diferencial… y no siempre lo encontramos.

No todo el mundo quiere el mismo modelo de negocio

Lo que veo en las mentorías a las que yo voy —porque sí, las mentoras también necesitamos mentoras— es que suele haber un servicio estándar y se impulsa a todas las personas a crear ese servicio, aunque quizás ellas no quieran.

Y sí, es un caramelito. No lo voy a negar.

En lugar de hacer asesorías 1:1, puedes optimizar esa hora de mentoría haciendo grupos y duplicar tu facturación. Pero ni todo el mundo quiere, ni todo el mundo puede. Y esto me lo he encontrado de frente muchas veces.

Llegan a mí un montón de mujeres rebotadas de otras mentorías porque han intentado lanzar un ticket alto cuando ellas no querían o, sencillamente, no era el momento.

Yo empecé a hacer asesorías gratis en pandemia. Lo sé, mal. Pero recuerda que en ese momento hacíamos muchas cosas por amor al arte, por lo social o simplemente por estar con gente.

Mis primeras asesorías cobradas las cobraba a 50€.

Hoy en día el precio de mis asesorías se ha triplicado, pero esto ha sido fruto de más de 5 años de experiencia, muchas clientas satisfechas y mucho trabajo perfeccionando el impacto de lo que ofrezco.

Eso, y que yo tenía clarísimo que quería dedicarme a la formación.

El primer máster que hice, con 23 años, era precisamente de Procesos de Formación porque yo quería enseñar.

No todo el mundo quiere hacer lo mismo. No todo el mundo vale para hacer lo mismo. Y eso es maravilloso.

Porque ya empezamos a estar todas un poquito hartas de ver cómo cada vez más personas se suben al carro de enseñar sin tener ni idea.

¿Resultado?

Clientas insatisfechas que acaban desconfiando de cualquier persona. Y esto sí que es terrible, porque esas personas se están quedando sin ayuda.

Valórate, pero con estrategia

Aunque no todo el mundo quiera o pueda poner precios estratosféricos, sí te recomiendo que te valores y que intentes hacerlo desde el principio.

Como ya te he comentado antes, al principio intercambias muchísimo valor por muy pocos euros porque no te conoce ni pirri y necesitas que la gente empiece a hablar de ti.

Necesitas esas reseñas tan valoradas, esas primeras experiencias y esas primeras clientas satisfechas.

Es normal y forma parte del proceso.

Y tranquila, llegará tu momento de dar el pistoletazo y subir un poquito más tus precios por sentido común.

Algo que empieza ha de ser testado para ser mejorado. Y cuando ya lo has perfeccionado, entonces sí.

Eso me pasa con Faro, mi programa para emprendedoras que ven que sus negocios no terminan de arrancar y quieren una formación 360 para conseguir tener un negocio sostenible.

Primero hacía estas mentorías individuales. Luego me pasé al formato grupal con un programa por un valor de menos de 1.000€. Hoy en día ese programa ya pasa los mil y vale cada euro que se invierte, palabrita.

Valorarte es fundamental. Y el primer paso para hacerlo es calcular cuánto estás cobrando realmente por hora.

Calcula tu precio por hora

Si no lo sabes, estoy regalando una calculadora acompañada de un tutorial que puedes descargar ahora mismo para empezar a valorar tu tiempo.

Una vez sabes lo que cobras y empiezas a valorarte, toda tu perspectiva cambia.

La visión financiera y económica te da la claridad que necesita tu negocio y también la que tú necesitas para tomar decisiones:

  • ¿Cobrar un poco más?
  • ¿Quedarte así un tiempo?
  • ¿Adaptar el servicio?
  • ¿Crear una opción más accesible?

Toma la decisión que consideres, pero hazlo con datos reales y de forma objetiva.

A veces sí es un problema de mentalidad, pero otras veces es un problema de visión: no tener los datos delante para decidir.

Porque si en esa calculadora ves que estás cobrando tu hora a 3€, seguramente lo cambiarías, ¿no?

Haz este primer ejercicio y mira qué pasa.

Cree en lo que has creado

En segundo lugar, cree en lo que has creado.

Si tú no pagarías por tu servicio, ¿cómo esperas que otras personas lo hagan?

Por suerte me encuentro muy pocas veces con esto, pero alguna sí.

Cuando aparecen dudas del estilo “pero esto quizá es demasiado caro…”, puede que no estés valorando lo que has creado.

Obviamente, esta duda puede aparecer cuando pones precio. Nos hemos criado en la mentalidad de la escasez y esos elefantes aparecen en nuestra mente para que entre nuestra amazona en escena.

Pero el precio también es una manera de acotar tu nicho.

Como te decía, yo tengo un programa de formación para emprendedoras que llevan entre 1 y 5 años emprendiendo y que todavía no ven que sus negocios funcionen.

El precio de esta formación es de 1.500€, que pueden abonarse en 3 plazos sin intereses. Es decir, 500€ al mes para formarse.

Para una persona que invierte en su formación y en su negocio, no es una cantidad desorbitada.

Si eres una persona que no puede invertir esa cantidad, tengo Claridad y Foco, que son menos sesiones y más accesibles para personas que están en otro momento emprendedor, ya facturan algo y apuestan por ellas.

Esto también es estratégico, querida.

Tus precios han de ser estratégicos.

Si alguien no puede o no quiere invertir esas cantidades en su mejora, entonces no es mi clienta objetivo. ¿Entiendes lo que quiero decirte?

El precio también selecciona

Te pongo otro ejemplo en otro nicho.

Yo pago a mi psicóloga 80€ por una hora.

Sé que vale cada euro que invierto, pero a otra persona puede parecerle caro.

¿Crees que a mi psicóloga le interesa que llegue a ella gente que crea que 80€ en terapia es caro?

Seguramente no.

Y eso tiene sentido.

A nivel estratégico, si trabajas con personas realmente comprometidas, que creen en lo que ofreces y quieren invertir esa cantidad, los resultados suelen ser muy buenos.

Porque partes de una base importante: esa persona ya cree en eso que tú ofreces.

Tus tareas

  1. Calcula tu precio por hora.

    Con mi plantilla o como quieras, pero calcula cuánto estás cobrando realmente por tu tiempo.

  2. Reflexiona sobre si ese precio es el que quieres cobrar ahora mismo.

    Puede que estés empezando y esté bien para ti. O puede que ya tengas la necesidad de subir un poco.

  3. Adapta tu servicio si hace falta.

    Si estás ofreciendo algo demasiado caro para un grupo de personas que normalmente factura poco, quizá necesitas cambiar el formato o crear una opción más ajustada.

  4. Toma decisiones con conocimiento.

    Con tu precio por hora y tu reflexión delante, decide: adapta servicios, sube precios o mantenlos.

Tú misma tienes la respuesta.

Pero si no la encuentras, estaré encantada de ayudarte con mis acompañamientos Claridad y Foco.

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