La soledad emprendedora: cuando sientes que no puedes sola
Hoy te quiero hablar de la soledad emprendedora.
Un temazo del que mucho se sabe y poco se habla en el mundo de los negocios.
La rueda del “hacer” constante
Se habla poco porque cuando decidimos tomar las riendas de nuestro negocio, el día a día nos absorbe.
Entramos en esa rueda de hámster que nos lleva a hacer constantemente.
Y entre tarea y tarea vamos dejando pasar cosas importantes.
Nos desconectamos de cómo nos sentimos.
De lo que necesitamos.
Y de lo difícil que puede llegar a ser sostener un negocio en solitario.
Recuerdo perfectamente un momento concreto cuando monté mi primera empresa.
Paré un segundo.
Respiré.
Y pensé:
“Qué difícil es hacer esto sola.”
En este post quiero hablarte precisamente de eso.
De cómo he vivido la soledad emprendedora.
De cómo la he gestionado.
Y de las decisiones que he ido tomando a lo largo de estos años para no cargar con todo sola.
Mi primer gran choque con la soledad emprendedora
Emprendí junto a mi hermano.
Él se encargaba de toda la gestión financiera, bancos, negociaciones y todas esas cosas importantes que aparecen cuando montas una empresa.
Yo llevaba la parte ejecutiva y, además, como vivía en la ciudad donde abríamos el local, me encargué de gestionar la obra.
Sola ante el peligro.
Y el peligro, en ese momento, era enfrentarme a algo que desconocía completamente mientras atravesaba un contexto emocional bastante intenso.
Así que allí estaba yo:
Frente a una reforma integral de un espacio maravilloso de 100 metros cuadrados.
Con muchísimo trabajo por delante.
La reforma que me hizo explotar
La reforma con arquitecta y constructora fue una auténtica odisea.
De hecho, da para otro episodio entero.
Pero quiero contarte esto porque ahí viví uno de los momentos más importantes de mi vida emprendedora.
Cuando las cosas empezaron a complicarse, todo el mundo echaba balones fuera.
La culpa siempre era de otro.
Y esto te lo cuento porque si algún día haces una reforma, probablemente te encuentres con lo mismo.
Recuerdo perfectamente estar en casa, con un problema enorme encima, diciéndole a mi pareja:
“No quiero hacer esto sola.”
Aunque la realidad es que lo que quería decir era:
“No puedo.”
Ahora, con perspectiva, sé que probablemente habría podido.
Pero también sé que aquello fue una señal clarísima.
Una alarma.
Y gracias a escucharla tomé una de las mejores decisiones que podía haber tomado.
Pedir ayuda me salvó
Llamé a mi familia.
Como si estuviera convocando un consejo de administración.
Y pedí ayuda.
Al día siguiente tenía a toda mi familia volcada al cien por cien.
Gestionando todo lo relacionado con la construcción.
Hablando con el constructor.
Resolviendo problemas.
Haciendo todo aquello que yo no sabía manejar.
Y sinceramente:
Pedir ayuda me salvó.
Me salvó a mí.
Y salvó a mi empresa.
Porque además de la reforma estaba lidiando con burocracia, administración, entrevistas de trabajo, proveedores, campañas de apertura…
Madre mía.
Solo de pensarlo me vuelve a dar urticaria.
¿Para qué hacerlo sola?
¿Para qué intentar hacerlo sola si es mucho más difícil?
Con los años me he dado cuenta de que esta pregunta lo cambia todo.
Porque muchas veces creemos que emprender significa poder con todo.
Y no.
Emprender también es aprender a sostenerse en otras personas.
Delegar.
Compartir.
Pedir apoyo.
La segunda vez que me sentí sola
La segunda gran vez fue durante la pandemia.
En plena reunión de equipo.
Tenía que reinventar mi empresa entera.
Y otra vez volví a pedir ayuda.
Porque sin el equipo remando conmigo, aquello habría sido muchísimo más difícil.
Y aquí viene algo importante:
Muchas veces pensamos que pedir ayuda es un signo de debilidad.
Pero en realidad suele ser exactamente lo contrario.
Es inteligencia.
Es supervivencia.
La red también sostiene
Y la tercera vez fue hace relativamente poco.
Después de varios años de negocio volví a sentir esa soledad emprendedora.
Y fue entonces cuando decidí darle espacio al networking y a crear red.
Me apunté a eventos.
Invertí en formaciones grupales.
Conocí a muchísimas personas.
Y déjame decirte algo:
Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado para mi salud emprendedora.
Porque la tribu sostiene.
La red sostiene.
Las personas sostienen.
Y no estamos hechas para construir completamente solas.
En resumen…
He vivido muchos momentos de soledad emprendedora.
Y en todos ellos hubo algo que marcó la diferencia:
Pedir ayuda.
Buscar red.
Dejarme sostener.
Mi servicio de acompañamiento individualizado CLARIDAD Y FOCO nace precisamente de todas estas vivencias.
Nace para que ninguna emprendedora tenga que sentir que está completamente sola.
Para que tenga una socia emocional y estratégica en la que apoyarse, aunque sea durante un tiempo.
Y esa socia soy yo.
Así que recuerda:
¿Para qué hacerlo sola cuando juntas es mucho más fácil?